“…Creo que todos los humanos entramos en la existencia sin saber distinguir bien lo real de lo soñado; de hecho, la vida infantil es en buena medida imaginaria. El proceso de socialización, lo que llamamos educar, o madurar, o crecer, consiste precisamente en podar las florescencias fantasiosas, en cerrar las puertas del delirio, en amputar nuestra capacidad para soñar despiertos; y ay de aquel que no sepa sellar esa fisura con el otro lado, porque probablemente será considerado un pobre loco…”
Rosa Montero
La loca de la casa
Por mirar unos mates que habían decidido suicidarse en el alambrado, casi le fracturo varias costillas a una rama enredada en mi zapato.
Jugamos a salvarnos descubriendo los personajes escondidos en los pliegues de la mirada.
Ellos se adueñaron de mis habitantes, yo apenas soplé la cáscara que los hacía invisibles.
Así encontré a Lola y a Farruco, bailaores alados y... creo que hay romance en el aire.
Y entre tanto matete se fue arrimando gente al baile.
Venían con tierra en los zapatos, con flores, con olor a túnica de lunes, con tamboriles, con lectura y pasteles, con abrazos.
Dicen que la locura se nos va por la punta de los dedos, aquí están mis entenados entrañables, donde seguramente he depositado un poco de la mía.
María Noel Gutiérrez

Qué lindo trabajo Noel ! Felicitaciones che. Jean C.
ResponderEliminarHermosos. Me enterneció la pastelera. Le imagino una historia de manitos pequeñas, movedizas, amasando amor y creando dulzura. Manos que acarician pero que también pelean. Me vienen ganas de abrazar su cuerpo ancho que imagino tibio y contenedor. ¡La pucha, cuando se deja salir la locura uno se descubre! Tu pastelera se me hizo madre sin que me diera cuenta...
ResponderEliminarMónica esa gordita tibia anda vendiendo pasteles por Bruselas, pero tendrás una...
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